Real Unión de Irun


El Real Unión nunca estuvo cómodo en un campo muy complicado

El Real Unión de Irun encajó un gol nada más empezar y estuvo en inferioridad casi todo el segundo tiempo.

Borja Olazabal | 18.05.2009

Al Real Unión de Irun le va a costar ascender por la vía rápida. Una derrota por 1-0 en campo contrario es un mal resultado en este tipo de eliminatorias. Te obliga a ganar por una diferencia de dos goles, algo que no es fácil ante uno de los rivales más fuertes de la categoría. Pero tal como se puso el partido, el resultado no nos dejó tan mal sabor de boca. Porque pudo ser peor.

El Real Unión encajó un gol nada más empezar. Además, tuvo que jugar durante 41 minutos con un jugador menos y durante los trece minutos finales con nueve contra once. Los irundarras tiraron de valor para cerrar los caminos a su área y no conceder ni una sola oportunidad a sus rivales en esa recta final, en la que todo estaba en contra y la afición gaditana rugía ante la posibilidad de dejar sentenciado el ascenso. No lo lograron.

El encuentro de ayer en el Ramón de Carranza ha complicado el ascenso, pero habrá que confiar en el empuje de Gal para remontar y llegar a Segunda sin tener que pasar por el calvario de dos eliminatorias más, las dos inciertas. El Cádiz no es más que el Real Unión de Irun y cabe confiar en que el árbitro no se dejará intimidar en Gal por los seguidores gaditanos.

Desde que supimos que el Real Unión se tenía que jugar su futuro con el Cádiz sentimos el escalofrío de la vieja experiencia de la Real Sociedad en el Ramón de Carranza. Ése no es un buen campo para un equipo guipuzcoano. Las gradas son nuevas y el campo ha quedado espectacular, pero cuando ves botar el balón sobre el terreno de juego descubres que por debajo de ese verde incierto, mosaico de mil tonos distintos, sigue estando la misma dureza mineral de toda la vida. Tierra dura, arenosa, desigual, en la que es una quimera sacar el balón jugado y en la que todos los equipos están obligados a enzarzarse en una batalla de la máxima exigencia física y en la que la técnica sólo sirve para controlar los malos botes y golpearla lo más lejos posible para que corran los compañeros más adelantados. Por si les cae el balón más cerca que a los defensas.

En ese medio hostil el Real Unión de Irun no se sintió cómodo casi nunca. Por el campo, por el rival y porque en un ambiente tan caliente el árbitro suele ser más severo con los huéspedes que con los anfitriones. El Cádiz sabe que el camino más rápido para llegar a Segunda División en ese campo pasa por jugar bien a balón parado y los hombres de Javi Gracia no tardaron en demostrar que se les da bien la estrategia.

No habían transcurrido más que diez minutos y una falta en la mitad del campo inundara permitió poner a la luz las virtudes gaditanas en ese tipo de acciones. La puso en juego un central, Fragoso, que buscó a Enrique a la espalda de la zaga guipuzcoana. La tocó al centro y Toedtli cabeceó a placer. Fue uno de esos goles que duelen más allá del peso que tienen en el marcador. Uno de esos goles que te dejan mal porque tu defensa se ha visto sorprendida y no ha podido proteger a su guardameta.

De ahí en adelante, el Cádiz antes que pensar en ampliar su ventaja, estaba preocupado por evitar que el Real Unión se hiciera con el valor de los goles en campo contrario. Los andaluces no renunciaban a nada, pero lo primero era lo primero. Y lo primero era no recibir ningún gol. De hecho, la mejor ocasión que tuvo el Cádiz en el resto de la primera parte fue en otra falta que exigió a Gurrutxaga salvar en el área pequeña cuando aquello se ponía azul oscuro, casi negro.

Luego llegaron las expulsiones. La primera por una falta innecesaria al borde del área local. El árbitro podía haber aplicado el mismo criterio que cuando Enrique le pegó dos viajes de cuidado a Berruet, pero no dudó en enseñar la segunda amarilla. Después por un forcejeo de Gabarain. Excesiva. Pero el Cádiz no marcó el segundo gol y en Irun tendrá que sufrir si quiere ascender.


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