Real Unión de Irun


Hazaña del Real Unión ante el Real Madrid en la ida de la Copa del Rey

El Real Unión protagonizó una noche de ensueño ante el Real Madrid, llevando siempre las riendas en el marcador y tuteando a los merengues en el cuerpo a cuerpo

Borja Olazabal | 30.10.2008

Los unionistas abrazan a Juan Domínguez, autor de dos goles. /LUSA

Real Unión 3 - Real Madrid 2. Y al final, los jugadores del Real Unión tuvieron que volver a salir al terreno de juego para saludar a los jubilosos aficionados. Habían logrado la machada. Ganar al Real Madrid. Como en los viejos tiempos.

«Que no nos metan gol nada más empezar». Esa suele ser la premisa de todos los entrenadores, sobre todo, cuando el rival es un grande. Los de Iñaki Alonso se tomaron la premisa a su manera y le dieron su toque especial. Ni dos minutos de juego se habían disputado cuando la alegría se desató en el Stadium Gal. Goikoetxea capturó un balón en el centro del campo y abrió hacia la izquierda, donde Juan Domínguez esperaba con las pilas cargadas. Se marchó por velocidad de Salgado y batió a Dudek por el palo cortó. 1-0 y comienzo del particular show del extremo izquierdo unionista.

Pero el Real Madrid es mucho Real Madrid y supo sobreponerse al golpe. Los de Bernd Schuster empezaron a dominar el balón y en la primera ocasión que dispusieron establecieron las tablas en el marcador. Lo peor es que el tanto podría haber sido evitable, ya que se produjo tras una pérdida de balón unionista. Los madrileños dibujaron una contra de libro. Guti condujo el balón hacia la banda izquierda para luego abrir a la banda contraria. Allí apareció el Pipita Higuaín para controlar hacia el área y batir de disparo raso cruzado a Otermin. 1-1 en el minuto diez, pero no pasaba nada.

Gran susto
Tres minutos después tuvo lugar la jugada más desgraciada del encuentro. El único lunar a una sensacional noche de Copa. Rubén de la Red, sin que ningún jugador hiciera nada, se desplomó en el campo. Las asistencias saltaron rápidamente para asistirle y se lo llevaron en camilla. El Stadium Gal enmudeció, pero pudo respirar tranquilo al ver que el canterano madridista salió del terreno de juego haciendo un gesto con el dedo pulgar hacia arriba.

La desafortunada jugada palió el ímpetu de los madrileños que poco a poco emparon a ver cómo el Real Unión les desarbolaba a base de buen fútbol. Aunque con el balón sobre el césped los irundarras estaban desplegando un gran fútbol, las dos siguientes ocasiones llegaron a balón parado. Carracedo botó una falta que obligó a Dudek a despejar a córner. Tras ese saque de esquina, Berruet cabeceó a gol, pero el meta polaco volvió a realizar una gran intervención.

Así estaba transcurriendo el encuentro. Con los unionistas llegando al área rival a base de buenas jugadas, y con un Juan Domínguez sensacional. El donostiarra ninguneó a Michel Salgado cada vez que le encaró. Se marchó por velocidad del lateral en cada jugada y le ganó en cada disputa. Domínguez encandiló a la grada. Realizó una primera parte de muchos quilates. Tanto fue el cántaro a la fuente que acabó rompiéndose. Villar realizó una buena internada por la banda derecha y centró al segundo palo, donde una vez más, apareció Juan Domínguez para establecer con la cabeza el 2-1. Descanso y victoria para el pequeño, que ayer, de pequeño no tuvo nada. Las cosas estaban tan bien, que la afición irundarra pudo cantar olés en alguna jugada de los irundarras. Ver para creer.

Con los mejores
En la reanudación, las cosas no empezaron bien para los de Irun. A los siete minutos del segundo tiempo, Guti volvió a llevar el balón a zonas peligrosas y cedió a Drenthe, que disparó duro obligando a Otermin a despejar a córner. Así llegaría el empate a dos. El propio Guti sacó desde la esquina algo pasado, pero el balón le cayó a Saviola, que con un zurdazo sutil, volvió a igualar la contienda. Los aficionados irundarras, previendo lo peor, empezaron a apagarse, igual que le pasó al partido. El Real Madrid, que parecía contentarse con el empate, no se prodigó en el ataque y el partido empezó a decaer en intensidad.

El Real Unión quería, pero no podía. Los de Iñaki Alonso, que habían realizado un gran esfuerzo durante los primeros 45 minutos, empezaron a notar el cansancio en sus piernas. Pero aunque los excesos estaban pasando factura, la casta hizo acto de presencia para aupar a los unionistas hacia la victoria.

Quero peleó un balón en la banda derecha con Drenthe y Marcelo. Un asturiano contra un internacional holandés y otro brasileño. ¿Quién se llevó el duelo? Aunque difícil de creer, fue el menudo extremo unionista el que se zafó de los dos para sacar un centro medido al área, donde el omnipresente Iñaki Goikoetxea utilizó sus botas para marcar el 3-2.

Quedaban 27 minutos cargados de tensión para que finalizara el choque. La afición casi no respiró en esta última media hora, contuvo el aliento hasta que Daudén Ibáñez señaló el final. Entonces alegría y alboroto. Había que rememorar una cita histórica como la final de 1924. Se rememoró con letras de oro.


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