Real Unión de Irun


Los aficionados del Real Unión de Irun se dejaron ver y oír

la tranquilidad de los pubs de Sancti Petri se vio rota cuando seguidores del Real Unión hicieron acto de presencia para ver a su equipo.

Borja Olazabal | 18.05.2009

El ambiente previo al encuentro del Real Unión ante el Cádiz se empezó a caldear la noche anterior al día del choque. Y es que la tranquilidad de los pubs de Sancti Petri vio rota cuando seguidores del Real Unión hicieron acto de presencia. Bufandas, banderas, camisetas y gritos de 'Aupa Unión'. Muchos preguntaron a qué equipo se animaba, alguno incluso pensó que se trataba de un conjunto murciano. y luego dijo que era seguidor del Cádiz. Poco habría seguido durante la temporada ese muchacho al conjunto gaditano.

La mañana de ayer fue tranquila para aficionados y jugadores del Real Unión de Irun. El sol acompañó durante toda la jornada y algunos pudieron disfrutar de agradables paseos por la playa o refrescantes chapuzones en la piscina del hotel. Esta suerte no la corrió toda la expedición, ya que los jugadores volvieron a entrenar por la mañana, una vez más, a puerta cerrada. Sólo Sergio Francisco, que no tiene ficha, pudo poner los pies sobre la arena. Mientras transcurrían las horas previas al encuentro, por Sancti Petri seguían paseando seguidores unionistas con sus camisetas y banderas.

Como no podía ser de otra manera, y a la vista de las enseñas mostradas por los aficionados al Real Unión, un empleado del hotel, con sonrisa maliciosa, preguntó si éramos seguidores del 'Irun' (dichosa manía). Cuando escuchó la respuesta, un contundente sí, no tuvo reparos en advertirnos de que «vais a perder 4-0». En ese momento empezó un cruce de declaraciones, siempre con buen humor, sobre las posibilidades que tenían unos y otros. Se notaba con fuerza que la hora del partido cada vez estaba más cerca.

A las siete menos cuarto de la tarde partieron los autobuses de la plantilla y aficionados con dirección a la tacita de plata. Los rostros de los jugadores reflejaban la tensión natural antes de un partido de estas características, pero los seguidores irundarras, con sus aplausos y gritos de ánimo, hicieron saber a los futbolistas que no iban a luchar solos. Quedaban más de dos horas para que comenzara el encuentro, pero rápidamente se pudo vislumbrar el tipo de ambiente que se iba a vivir en el campo gaditano. 22.000 almas amarillas empujaron a su equipo. Pero todavía queda Gal.


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